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        <title>NATURCAZA</title>
        <description>blog dedicado al mundo de la caza y la naturaleza</description>
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        <title>Los ultimos patos</title>
        <link>http://naturcaza.blogcindario.com/2007/12/00002-los-ultimos-patos.html</link>
        <description>Hacía ya mucho tiempo que los patos habían dejado de entrar en la laguna. &lt;br /&gt;De hecho, sólo lo hicieron durante tres o cuatro semanas de principios de otoño. Fueron unos días espléndidos, en los que la deslumbrante luz del Ampurdán deja¬ba tras de sí unos largos y espectaculares crepúsculos de nubes incendiadas. En aquellos días cacé mis primeros ánades reales. Allí, agazapado entre los juncos al borde de la laguna, al pie de la Sierra de Roda, y solo en medio de la llanura de los Aiguamolls, estuve días y días esperando los patos.&lt;br /&gt;Escondido entre las cañas, aprendí lo poco que sé de la caza del ánade real o azulón. Descubrí que sólo entraban durante unos pocos minutos, ésos que se sitúan entre el día y la noche, al amanecer y a la puesta del sol. Pero, sobre todo, descubrí que a mi perra «Luna» le gustaba cazar patos tanto o más que a mí.&lt;br /&gt;«Luna» es mi perra. Más que eso, es mi amiga. Es una bretona joven, flaca y casi del todo blanca. Es una fuera de serie, un ciclón. Juntos hemos hecho jornadas inacabables, cazando de sol a sol con el barro por los tobillos o subiendo montaña con la maleza por el pecho. Jamás, ni siquiera cuando era una cacho¬rrita de cinco meses, me ha dicho basta. Si yo no paro, ella tampoco. Ella y yo somos felices cazando.&lt;br /&gt;Pero lo cierto es que yo creía que no le gustaba nadar. Eso lo deduje cierto día que, estúpidamente, decidí que iba a enseñarle a cobrar en el agua.&lt;br /&gt;Había capturado una codorniz que no podía volar y nos fuimos hasta la laguna.&lt;br /&gt;Por aquel entonces la perrita tendría seis o siete meses y más parecía un peluche&lt;br /&gt;que una fiera cazadora. Sin pensármelo demasiado, saqué la codorniz del bolsillo y la tiré al agua todo lo lejos que pude. Acto seguido, cogí a la perra en&lt;br /&gt;brazos y también la tiré al agua, cerca de la pobre codorniz. Pero, en vez de atrapar velozmente la codorniz, como yo había imaginado, perra y codorniz nadaron frenéticamente hacia la orilla. Todas las veces que repetí la operación obtuve el mismo resultado. Mi hija, que contempló la escena muerta de risa, decía que aquello parecía un campeonato de natación animal, y yo decidí, bastante mosqueado, que «Luna» no servía para cobrar en el agua.&lt;br /&gt;El caso es que a última hora de la tarde del primer día de caza, cuando ya íbamos de regreso, nos encontramos con Kiko y su primo, que me dijeron que si iba con ellos a la laguna «a ver si entraba algún pato». Estábamos los tres sentados, charlando distraídamente al borde de la laguna mientras el sol se escondía apaciblemente, cuando un par de docenas de zumbidos pasaron por encima de nosotros. Una auténtica lluvia de patos y nosotros tumbados en la hierba. Precipitadamente disparamos a diestro y siniestro. Ellos abatieron a tres o cuatro, que quedaron flotando en la laguna, y yo le di a una hembra que alzó el vuelo cerca de mí. Ante mi asombro, «Luna» se tiró al agua, nadó hasta el pato, lo cogió y lo dejó dulcemente a mis pies. Me sentí el cazador mas feliz del mundo. La felicité, la abracé y le hic mil carantoñas. Ella hacia cabriolas y daba brincos, loca de alegría.&lt;br /&gt;A partir de aquel día, amanecíamos y anochecíamos al borde de la laguna, fieles a nuestra cita con los patos.&lt;br /&gt;Ni siquiera dejábamos de ir cuando me rompí el pie. Escayolado y con muletas, iba a amanecer entre las cañas, con el corazón desbocado y la pierna dolorida.&lt;br /&gt;Cuando los patos dejaron de entrar me costó mucho aceptarlo y seguimos yendo a la laguna por el simple placer de ver las estrellas reflejadas en el agua y las nubes viajando veloces por el cielo rojizo de la llanura. Muchas semanas después de reconocer que los patos no volverían a entrar, aún regresaba a la laguna de vez en cuando, preso de intensos ataques de nostalgia. Echaba de menos el zumbido que rompía el silencio de la noche, cuando las aves picaban, a oscuras, para lanzarse a l agua. Echaba de menos sus siluetas recortadas contra la luna llena. Añoraba, incluso, la furia de la tramontana, zarandeando violentamente los juncos hasta enterrarlos en el agua. Pero debía reconocerlo, aquellos días magníficos se habían acabado.&lt;br /&gt;Estábamos a principios de febrero y la temporada había llegado a su fin. Hacía muchos día que casi no habíamos cazado nada, apenas unos pocos tordos y unas liebres despistadas. Ya casi no se oían pisparos en la llanura... Los campos estaban anegados por las súbitas inundaciones de aquella semana y el mundo entero era un mar de barro blando y pegajoso. Era el último domingo que habíamos caminado todo el día chapoteando infructuosamente entre el fango de los campos. No habíamos visto nada.&lt;br /&gt;“ Luna “ estaba rebozada de barro y regresábamos agotados. Pasábamos rodeando la laguna y me senté a fumar un cigarrillo en mi piedra favorita. De espaldas a la laguna, estuve contemplando la llanura, que se extendía a mis pies hasta encontrarse a lo lejos con el mar.&lt;br /&gt;Me levanté y seguí caminando distraídamente, mirando los campos anegados, cuando de repente oí a mi derecha el vuelo inconfundible de los patos al levantarse. Una pareja de ánades remontaba el vuelo. Habían estado camuflados entre juncos. Disparé a la hembra, más cercana, y cayó haciendo un tirabuzón. El segundo disparo fue para el macho, que, tocado, se hundió en el agua. “ Luna “ logró sacar el macho herido, y nos fuimos orgulloso y cansados de vuelta a casa, mientras la perra hacía cabriolas feliz a mi lado.&lt;br /&gt;&lt;img src=&quot;http://thumbs.subefotos.com/91c1c05a4e54390f13ce7bdbec08ad21o.jpg&quot; alt=&quot;Imagen&quot; /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;color:#800000&quot;&gt;JAVIER MARTIN BLANCO&lt;/span&gt;</description>
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        <dc:date>2007-12-21T16:47:56+01:00</dc:date>
        <title>LA ADQUISICIÓN DEL PERRO</title>
        <link>http://naturcaza.blogcindario.com/2007/12/00001-la-adquisicion-del-perro.html</link>
        <description>&lt;span style=&quot;text-decoration:underline&quot;&gt;&lt;b&gt;El Cachorrillo&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El primer interrogante que se presenta en lo que hace referencía a la elección del cachorrillo es: ¿macho o hembra? Es muy difícil aconsejar qué es preferible, siendo lo mejor el dejarse llevar por la propia convicción, puesto que ni siquiera los expertos, los dresseurs, y los verdaderos cazadores cinófilos se ponen de acuerdo, manteniendo todos ellos diversas opiniones en favor de la propia convicción, y siendo buenas todas ellas.&lt;br /&gt;Algunos afirman que, aunque el macho sea menos precoz que la hembra, se puede utilizar mejor en la caza porque no tiene inconvenientes debidos al «celo», y, además, tiene mayor resistencia y aprende más rápidamente.&lt;br /&gt;La hembra, de menor tamaño, es inutilizable durante algunos días a causa del «celo», pero es precoz, y más fiel y graciosa.&lt;br /&gt;Una vez se haya realizado la elección entre macho o hembra se visitará el criadero con anticipación, de modo que se pueda advertir si aquellas características que se han idealizado son reales. La elección no resulta fácil, puesto que todos los cachorrillos son hermosos, sanos y avispados. Será necesario vencer la primera impresión y observar durante largo tiempo, espiando las características especiales que los distinguen.&lt;br /&gt;Doménico Boccamazza, montero mayor de León X, recomendaba servirse de la ayuda de la perra para la elección: según el tratadista, era necesario colocar a los pequeños dentro de un círculo de fuego, y después se dejaba libre a la perra. El primero en ser salvado por la madre resultaría ser el mejor, debido a que la naturaleza inspiraba a la perra en el interés de la prosecución y de la mejora de la especie. Ingenuidad que en la actualidad resulta difícil de explicar. En cambio los técnicos, basándose en las experiencias adquiridas y cada vez más consolidadas, han redactado un decálogo al que hay que atenerse, teniendo en cuenta que los márgenes de error son sólo reducidos, no siendo anulados por el comportamiento del auxiliar, y con los que el cazador se puede trazar un retrato muy fiel de lo deportivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;text-decoration:underline&quot;&gt;&lt;b&gt;El decálogo&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. Asegurarse, basándose en las informaciones del criador, y consultando los registros existentes en la sociedad canina correspondiente, de que los padres sean «puros», es decir, que hayan sido inscritos, así como si han participado en concursos agonísticos. No se debe olvidar que belleza y dotes deportivas nunca deben ir por separado. Generalmente, de una genealogía de campeones no nacerán ejemplares con alteraciones psíquicas o defectos congénitos, puesto que el riesgo de que así sea es muy reducido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2. El perro debe estar pleno de brío, con óptima salud, sin temor a los extraños (también lo seréis vosotros cuando os aproximéis por primera vez), demostrando en algunos casos un comportamiento moderadamente agresivo, y superando a sus hermanos incluso en el juego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3. Se examinará atentamente el esqueleto, puesto que el perro a los dos meses de edad no deberá tener nudosidades en las patas, desviaciones en los miembros posteriores, y un descenso ligeramente acentuado de la caja torácica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4. El abdomen hinchado es una prueba de la presencia de parásitos, y el eliminarlos no constituye un problema pero podría provocar alteraciones, aun cuando se trate de una eventualidad rara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5. Se examinarán atentamente los párpados y la trufa, para ver si existen faltas de pigmentación. En el caso de que ello ocurriese, podría ser consecuencia de taras hereditarias debidas a una acentuada consanguinidad. También es frecuente que los cachorrillos tengan hernias umbilicales, lo que es fácil advertir mediante el tacto, siendo también fácil advertir si los machos están afectados de monorquidismo o criptorquidismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6. Nunca se deben elegir cachorros que tengan los ojos bajos, evitando mirar directamente, y tiendan a buscar la protección de la madre, debiendo preferir los que, por el contrario, tengan unos ojos vivos, mirada franca y expresión intensa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;7. La elección definitiva se realizará cuando los cachorros coman, puesto que la escudilla es un banco de prueba muy útil, dándose la preferencia al más voraz y prepotente, puesto que tal comportamiento demuestra que ya tiene un comportamiento superior al de los demás, y que goza de una óptima salud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;8. Siempre se debe desconfiar de aquellos ejemplares con poca movilidad, que prefieren permanecer semi-inmóviles, no acuden a la llamada y permanecen alejados de los visitantes situándose en el ángulo más oscuro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;9. Si existe alguna preferencia por el color del manto, se debe actuar siempre de modo que tal deseo no predomine sobre todo, y sea condicionante en la elección. El perro debe ser un óptimo auxiliar para la caza, y no sólo lo es por la belleza del manto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;10. Nunca se debe ahorrar, prefiriendo un ejemplar que se os ofrezca en lugar del elegido anteriormente, por unas pocas pesetas menos. Un perfecto auxiliar siempre vale mucho, mucho más, y el gasto inicial podría traducirse, incluso después y durante muchos años, en perchas menos pesadas, y en menos satisfacciones venatorias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera aproximación es condicionante. El encuentro con el cachorrillo (y será para toda la vida) deberá realizarse del mejor modo posible. Incluso después de haber realizado la elección se debe pasar por el criadero, observando prolongadamente al perro, acercándose, y dando breves paseos con el mismo.&lt;br /&gt;Algunos días antes se tomará una manta y se pedirá al criador que haga que el cachorrillo duerma encima (naturalmente estas son recomendaciones para un encuentro óptimo). Cuando se proceda a la entrega se deberá coger también la manta, puesto que el cachorrillo seguirá sintiendo un olor que les es familiar, lo que le confortará.&lt;br /&gt;Durante el viaje, especialmente si es prolongado, hay que detenerse con frecuencia dejando que el perro descienda del automóvil, aunque vigilando que no frecuente zonas en donde hayan estado otros perros porque podría contraer inmediatamente enfermedades.&lt;br /&gt;La entrada en la casa debe ser lo más tranquila posible, sin permitir que nadie lo tome en brazos, lo humille, o lo que es peor, lo traumatice con gritos y chillidos, En cambio, se le destinará una yacija bien preparada (si está en el interior de la vivienda, en un lugar particularmente silencioso, y, sobre todo, que no sea de paso), y se colocará su manta, con lo que se sentirá menos solo.&lt;br /&gt;Puede ocurrir que durante las primeras noches el cachorrillo se despierte con frecuencia, ladre, y busque compañía. Pero si se le hospeda en la vivienda, nunca se accederá a sus peticiones. Los primeros días son los más importantes para la educación, y el adiestramiento comienza en casa. Los errores que se cometen sólo se pueden corregir con tiempo y muchísimo trabajo. Nosotros usualmente solemos dejar de noche un despertador junto al cachorro, pues el tic-tac acompaña al perro. Por tanto son válidos todos los trucos, siempre que se obtenga el fin prefijado. Es contraindicado recurrir a las amenazas, a los gritos, e incluso a intentos de golpes. El perro no lo comprendería e incluso podría permanecer traumatizado, temeroso, e incluso después ladrar, y, por tanto, ser un ejemplar de caza que nunca estuviese plenamente disponible.&lt;br /&gt;En efecto, y especialmente durante el primer período del adiestramiento, muchos auxiliares se muestran temerosos y tímidos, pues no saben qué es lo que el instructor pretende de ellos, aunque por experiencia temen que posibles errores sean después causa de amenazas, riñas o de golpes.&lt;br /&gt;En el adiestramiento resulta fundamental la escuela de una firme dulzura. El perro debe aprender inmediatamente que en casa no se encuentra entre extraños, y que si se equivoca será corregido, pero no castigado.&lt;br /&gt;Según escribe el famoso técnico inglés Cofield: «La voz es un factor muy importante durante los primeros períodos del adiestramiento. Su uso, incluso moderado, constituye una sacudida para el cachorrillo. Para un perro sensible, el que la voz del dueño tenga añadida una nota áspera, puede resultar casi insoportable. Por tanto, hay que recordar que sí el perro no hace lo que deseáis es porque no le habéis enseñado lo que queréis. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;text-decoration:underline&quot;&gt;&lt;b&gt;El perro joven&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Son muchos los que prefieren adquirir un perro joven, y mejor aun que esté ya «iniciado», es decir ya sometido al adiestramiento básico. Las ventajas resultan indudables, puesto que la estructura resulta bien visible, son muy raros los defectos que quedan ocultos, el carácter se puede suponer con facilidad a causa del comportamiento e inmediato empeño en el «serio</description>
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